El 14 de abril de 2024 marcó un punto de inflexión negativo en las negociaciones para liberar a los cientos de israelíes secuestrados por Hamas durante el ataque del 7 de octubre de 2023. Ese día, el grupo islamista palestino rechazó formalmente la última propuesta de alto el fuego presentada por Israel a través de mediadores de Estados Unidos, Egipto y Qatar. Hamas mantuvo sus demandas principales: un cese permanente de las hostilidades, la retirada total de las tropas israelíes de Gaza y el regreso sin restricciones de los desplazados a sus hogares en el norte del enclave.
En ese momento, aún quedaban alrededor de 130 rehenes en Gaza (de los 251 secuestrados inicialmente), entre civiles, niños, ancianos y soldados. Hamas argumentó que la propuesta israelí no garantizaba el fin definitivo de la guerra ni cumplía con las “demandas nacionales del pueblo palestino”. La Oficina del Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el Mossad respondieron acusando a Hamas de “no querer un acuerdo humanitario” y de aprovechar la tensión regional para buscar una escalada general.
El rechazo coincidió con otro evento de gran impacto: en la noche del 13 al 14 de abril de 2024, Irán lanzó su primer ataque directo contra Israel, con más de 300 drones y misiles, en represalia por el bombardeo israelí a su consulado en Damasco. Israel, con ayuda de Estados Unidos, Reino Unido y otros aliados, interceptó casi la totalidad de los proyectiles. Hamas respaldó públicamente la acción iraní, calificándola de “respuesta merecida” y de “derecho natural” de los pueblos de la región a defenderse.
A partir de ese día, las negociaciones entraron en un prolongado estancamiento. Durante los meses siguientes de 2024, las conversaciones mediadas por Washington, Doha y El Cairo se sucedieron sin avances significativos. Hamas elevó sus exigencias (como la liberación de un mayor número de prisioneros palestinos por cada rehén) y afirmó en varias ocasiones que no disponía de suficientes rehenes vivos que cumplieran los criterios humanitarios propuestos por Israel. Israel, por su parte, insistió en priorizar la destrucción de la capacidad militar de Hamas antes de aceptar un fin permanente de la guerra.
El impasse se tradujo en más sufrimiento para ambas partes. En Gaza, la ofensiva israelí continuó con intensidad variable, causando miles de muertes adicionales, destrucción masiva de infraestructura y una crisis humanitaria que organismos internacionales describieron como catastrófica. En Israel, las familias de los rehenes mantuvieron protestas semanales exigiendo un acuerdo urgente, mientras el gobierno enfrentaba crecientes divisiones internas sobre si priorizar la liberación de los cautivos o la “victoria total” contra Hamas.
A lo largo de 2024 y 2025, se produjeron operaciones de rescate israelíes que liberaron a algunos rehenes, pero también se confirmaron muertes de otros en cautiverio, ya fuera por acciones de sus captores o por bombardeos. Recién en octubre de 2025, tras intensas presiones internacionales y un nuevo impulso diplomático, se alcanzó un alto el fuego que permitió la liberación progresiva de los últimos rehenes vivos y la recuperación de cuerpos de los fallecidos. Por primera vez desde el ataque del 7 de octubre de 2023, no quedaron israelíes secuestrados en Gaza.
Hoy, 14 de abril de 2026, dos años y medio después de aquel rechazo que alargó la agonía de cientos de familias, el alto el fuego iniciado en octubre de 2025 se mantiene de manera frágil. Persisten incidentes puntuales, violaciones menores y negociaciones lentas sobre la segunda fase del acuerdo, que incluye la desmilitarización de Hamas y la reconstrucción de Gaza.
El 14 de abril de 2024 quedará como uno de los días en que la oportunidad de un acuerdo se esfumó, prolongando una guerra que ya había cobrado un precio devastador en vidas humanas, sobre todo palestinas. Dos años y medio después, el dolor por los secuestrados del 7 de octubre sigue presente, mientras la región intenta, con dificultad, pasar de un alto al fuego precario a una improbable estabilidad duradera.





