*Empleada huye con dinero e inmobiliaria se lava las manos
Compradores de terrenos comercializados por la inmobiliaria San Uriel, ubicada en Parral, Chihuahua, manifiestan su inconformidad ante la falta de documentación que les permita tener certeza jurídica sobre los predios que aseguran haber adquirido y temen que se trate de otro fraude más como los ya ocurridos en la capital del mundo que aún no se repone de Aras, Vitas y, el más reciente, Grupo Pacheco, pero ahora, en el sector inmobiliario.
De acuerdo con los afectados, el representante de la inmobiliaria San Uriel, Juan de Dios Loya Chavira, les indicó que las operaciones deberían de realizarlas con una de las empleadas, a quien entregaron y depositaron diversas sumas de dinero como pagos y abonos para la adquisición de terrenos.
Los quejosos cuentan con documentos y recibos que les fueron expedidos y que fueron emitidos a nombre de Inmobiliaria San Uriel, motivo por el cual confiaron en que sus operaciones contaban con el respaldo de dicha empresa.
Sin embargo, la situación habría cambiado cuando los compradores comenzaron a exigir respuestas sobre la documentación de sus terrenos. Según sus señalamientos, Juan de Dios Loya Chavira, señalado como representante de la inmobiliaria, les indicó que estaría dispuesto a hacerse cargo de la situación, dejando a los afectados en la incertidumbre respecto de su inversión y de la regularización de sus predios.
La principal inconformidad recae directamente en la postura que, según los afectados, ha asumido el representante de la inmobiliaria. Los compradores cuestionan cómo es posible que ahora se pretenda deslindar de operaciones cuyos documentos fueron expedidos a nombre de Inmobiliaria San Uriel, empresa bajo cuyo nombre aseguran haber realizado sus pagos y adquirido los terrenos.
“Si una empresa comercializa terrenos, expide documentos a su nombre y después sus compradores no encuentran quién les responda, es legítimo cuestionar la seriedad, la transparencia y las garantías que realmente ofrece. La confianza de los clientes no puede tratarse como algo desechable cuando surgen problemas, ni el patrimonio de las personas puede quedar en el aire sin explicaciones claras”, manifestaron los afectados.
Señalan que el caso también pone en entredicho los mecanismos de control y supervisión de la inmobiliaria. Si una empleada realizó estas operaciones bajo la subordinación de la empresa, resulta indispensable esclarecer qué conocimiento tenía la administración, cómo se autorizaron las ventas y por qué, de acuerdo con los afectados, ahora no se les ofrece una solución.
Los compradores no buscan favores, exigen claridad sobre el dinero que entregaron y los terrenos que aseguran haber adquirido.
“La pregunta para el Famoso Político y Empresario Juan de Dios Loya Chavira es directa: ¿qué respuesta dará a las personas que confiaron en una inmobiliaria que opera bajo su representación y que hoy aseguran sentirse abandonadas?”, cuestionan.
Señalan que la reputación de una inmobiliaria no se demuestra únicamente con documentos que llevan su nombre, sino con la responsabilidad que asume cuando sus clientes reclaman. Si San Uriel pretende mantener la confianza del público, debe explicar lo ocurrido y presentar soluciones concretas, en lugar de dejar que las dudas y la incertidumbre sigan creciendo.
Los afectados merecen respuestas documentadas, una explicación sobre la situación jurídica de sus terrenos y el esclarecimiento de las responsabilidades correspondientes. Mientras esto no ocurra, las dudas sobre la forma en que opera la inmobiliaria seguirán presentes.
En Parral, los compradores exigen respuestas, porque cuando está en juego el patrimonio de una familia, no basta con vender un terreno y expedir un documento: también debe existir responsabilidad para responder cuando surgen problemas.
Finalmente, indicaron que algunos de los afectados ya acudieron a las Fiscalía Zona Sur a interponer su denuncia por el presunto fraude en contra del representante de la inmobiliaria, así como de la empleada que supuestamente huyó con su dinero y quien resulte responsable.





