*“Al mirar hacia atrás, solo puedo sentir un profundo agradecimiento por el camino que Dios me permitió recorrer”
Como todo ciclo que inicia, también llega su momento de culminar. Este 2026 marca el cierre de una etapa extraordinaria para la maestra María del Rosario Soto Hernández, quien después de 42 años de servicio en la educación, tanto en el ámbito público como privado, dice adiós a las aulas con el corazón lleno de gratitud y satisfacción.
Se retira con la certeza del deber cumplido, convencida de que la verdadera labor de un maestro trasciende el tiempo, pues las enseñanzas permanecen para siempre en la mente y el corazón de quienes tuvieron el privilegio de aprender a su lado.
Agradecida primeramente con Dios, reconoce que sin su guía nada de este camino habría sido posible. Extiende también su gratitud a su familia, compañeros, alumnos y a todas las personas que formaron parte de esta hermosa travesía de más de cuatro décadas.
La historia de la maestra “Chayito” comenzó en la comunidad de La Conquista, en el municipio de Villa Coronado, donde inició una aventura que marcaría su vida para siempre. Eligió ser maestra porque siempre creyó firmemente en el poder transformador de la educación. Su misión fue clara: inspirar a cada alumno a creer en sí mismo, a descubrir que siempre se puede llegar más lejos y que, con esfuerzo, dedicación y fe, los sueños sí se cumplen.
A lo largo de los años, tuvo la oportunidad de trabajar en diversas comunidades rurales, donde cada escuela, cada salón y cada estudiante dejaron una huella imborrable en su corazón. Fue ahí donde comprendió que enseñar va más allá de transmitir conocimientos: es acompañar, escuchar, motivar y sembrar esperanza.
Posteriormente, llegó al municipio de San Francisco del Oro, donde formó parte de la Escuela Benito Juárez, viviendo años llenos de experiencias enriquecedoras junto a alumnos, padres de familia y compañeros.
Más adelante, su camino la llevó a Hidalgo del Parral, donde concluyó su trayectoria en el servicio público educativo, acumulando con orgullo 28 años de servicio. Cada uno de ellos estuvo lleno de aprendizajes, retos y grandes satisfacciones al contribuir en la formación de múltiples generaciones.
Sin embargo, su vocación seguía viva. En 2012 se integró al Instituto Parralense, institución que le permitió continuar haciendo lo que más amaba. Durante 14 años más, compartió su conocimiento, experiencia y, sobre todo, su amor por la enseñanza, demostrando que un maestro nunca deja de aprender ni de inspirar.
Nada de este camino habría sido posible sin el apoyo incondicional de su familia. Su esposo y sus hijas han sido su mayor fortaleza, comprendiendo cada desvelo, cada jornada extensa y el compromiso que implica esta noble profesión. En los momentos difíciles le brindaron aliento, y en cada logro celebraron a su lado.
La llegada de su nieto le regaló una nueva ilusión, recordándole la magia con la que cada niño llega a la escuela y fortaleciendo aún más su vocación de educar con amor, paciencia y dedicación. Su familia ha sido, sin duda, el motor que la impulsó a nunca rendirse.
Hoy, al mirar atrás, reconoce que su mayor recompensa no fueron los años de servicio, sino las sonrisas de sus alumnos, los abrazos sinceros, las palabras de agradecimiento y la satisfacción de haber sembrado valores, conocimiento y esperanza en tantas vidas.
Finalmente, la maestra María del Rosario Soto Hernández agradece a Dios por haberle permitido vivir la que considera la profesión más hermosa del mundo. Se lleva consigo innumerables recuerdos, grandes amistades y la certeza de que una parte de su vida seguirá viva en cada uno de sus alumnos.
Porque un maestro nunca se va del todo… permanece para siempre en quienes tocó con su enseñanza.










