*Antes de convertirse en vendedor ambulante, dedicó 37 años a la enseñanza en el Conalep. Desde 1962, su vida también ha estado ligada al comercio y al contacto diario con los parralenses.
Hay historias que se construyen poco a poco, entre generaciones, calles y rostros que se vuelven conocidos. La de este comerciante es una de ellas. Su vida laboral ha transcurrido entre dos mundos: primero, frente a un grupo de estudiantes como profesor del Conalep durante 37 años y, desde 1962, establecido en las calles como vendedor ambulante.
Con más de seis décadas dedicadas al comercio, su puesto se ha convertido en mucho más que un lugar para comprar dulces. Es un punto de encuentro para trabajadores, vecinos, comerciantes y personas que, con el paso de los años, han aprendido a reconocerlo.
Desde 1962, comenzó su trayectoria como vendedor ambulante. Lo que inició como una forma de trabajo terminó convirtiéndose en una actividad que ha permanecido durante décadas.
Antes de dedicarse a esta labor, pasó 37 años como profesor en el Conalep, donde contribuyó a la formación de distintas generaciones de estudiantes. Después, el comercio se convirtió en otra etapa importante de su vida.
Actualmente ofrece una variedad de productos, aunque los dulces siguen siendo uno de los principales atractivos para sus clientes. También cuenta con productos de miscelánea y bebidas para quienes buscan refrescarse durante el día.
Su jornada comienza aproximadamente a las 8:00 de la mañana y puede extenderse hasta las 6:00 o 7:00 de la tarde. Son horas de trabajo que, más que una rutina, representan décadas de convivencia con la comunidad.
A lo largo de los años, también ha sido testigo del paso de distintas generaciones y de numerosos personajes que han visitado su establecimiento. Su memoria guarda anécdotas de quienes han llegado hasta ahí para comprar algún producto y conversar unos minutos.
Más que vender dulces, bebidas y productos de miscelánea, su historia habla de perseverancia, trabajo y tradición.
Después de 37 años frente a las aulas y más de seis décadas como vendedor ambulante, continúa atendiendo a sus clientes, demostrando que algunos oficios terminan convirtiéndose en parte de la identidad de una ciudad.
En su puesto no sólo hay dulces: también hay más de 60 años de historias, recuerdos y encuentros con la gente de Parral.





